"LUEGO TE LLAMO"

Sin comentarios octubre 21, 2015

“Lo siento. No he tenido tiempo”. Pero el tiempo siempre existe. Y la llamada nunca se produce. Es entonces cuando nos invade ese sentimiento que nosotros mismos definimos como decepción. ¿Y qué es la decepción? Es una emoción que se genera en nosotros cuando nuestras expectativas acerca de algo o alguien se ven frustradas. Cuando chocamos con una realidad que no se ajusta a nuestras creencias y valores acerca de lo que“debería” y “no debería” ser. Pero, “¿quién determina lo que debería o no debería ocurrir? ¿Dónde está el límite entre lo normal o anormal en el comportamiento del otro? ¿Acaso alguien tiene el poder de la verdad absoluta sobre el bien y el mal?.

Hay una idea extendida de que la decepción no tendría lugar si en el mundo existiera más gente que mira y escucha al otro. Y que se acerca al otro. Y que no se acerca únicamente en ese instante para ser calmado, por“culpa” de algún otro que dice que le ha fallado. Sino porque sabe que éste no le fallaría nunca. De ésta forma se crea con el paso del tiempo el lazo del vínculo del amor. El amor maduro. Dicen que es el amor más necesitado. El amor de la amistad. El amor supuestamente recíproco. Y digo supuestamente, porque muchas veces parece que no es real. Es una ilusión que se desvanece sin tú esperarlo. Y surge aquí el sentimiento de la decepción. Y sufres por la pérdida. Pero sólo un rato corto. Porque no puedes perder a un amigo que nunca has tenido. Porque dejas de escuchar al otro para escucharte a tí mismo. Accedes a tus propios deseos y compruebas que no necesitas a algunas personas a tu alrededor. Y te sientes satisfecho. Porque sólo la gente que sabe crear y cuidar ese amor que llamamos amistad es querida y recordada. Y, pese al daño sufrido, nunca estará sola.

Supongo que a veces sólo consiste en no esperar nada del otro. Sino sólo esperar de ti mismo. En crecer personalmente y valorarse. Y decir adiós a la decepción. Entender (y elegir) a quien quieres a tu alrededor y que si sólo te van a querer a ratos, quizá es mejor que no te quieran.

Desayuno con diamantes


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